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¿Qué es el trastorno bipolar?

Usar el término «bipolar» de manera coloquial para describir cambios de humor o comportamiento sin un diagnóstico médico, es un mal uso del término y puede ser considerado inapropiado.

Hacer referencia a alguien como «bipolar» de manera casual para describir los cambios en su estado de ánimo diario o sus reacciones a eventos específicos minimiza la seriedad y la complejidad del trastorno bipolar. Esta es una condición mental que requiere un diagnóstico profesional por parte de un médico especializado en salud mental. Los síntomas del trastorno bipolar involucran cambios extremos y cíclicos en el estado de ánimo, que no deben ser confundidos con simples cambios temporales de humor o personalidad. Esto puede tener un impacto negativo en la percepción pública sobre los trastornos mentales y dificultar que las personas afectadas busquen ayuda profesional adecuada.

En lugar de usar «bipolar» de manera incorrecta para describir cambios leves de humor, es mejor emplear términos más precisos y respetuosos para describir las emociones o comportamientos específicos que se observan en una situación determinada.

¿Qué si es el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar, antes fue conocido como enfermedad maníaco-depresiva. Este nombre le fue impuesto por el gran psiquiatra alemán Emil Kraepelin (1856-1926), quien lo diferenció de otra enfermedad mental, la esquizofrenia. Hasta la obra de Kraepelin, a principios del siglo XX, estas enfermedades no estaban bien diferenciadas; es un trastorno mental caracterizado por cambios extremos en el estado de ánimo, la energía y el nivel de actividad. Las personas con trastorno bipolar experimentan episodios de manía (o hipomanía) y episodios de depresión.

Estos cambios pueden oscilar entre dos polos opuestos: la manía y la depresión. Las personas con trastorno bipolar experimentan períodos de euforia o excitación extrema (manía) seguidos por períodos de tristeza profunda o desesperación (depresión).

Manía

La manía es un cambio del comportamiento derivado de una exaltación de las funciones mentales: el pensamiento se acelerado, las emociones se hacen más intensas (tanto la alegría como la tristeza o la ira), disminuye la necesidad de dormir y descansar, aumenta el interés por el sexo y las relaciones sociales, etc. Muchas veces es un sinónimo de euforia, pero no siempre se acompaña de ella. A menudo el síntoma más evidente es la irritabilidad o la contrariedad ante pequeñas frustraciones. El inicio de la fase maníaca es con frecuencia agradable, hasta tal punto que algunos pacientes afirman sentirse «mejor que nunca».

Hipomanía

La hipomanía es una manía suave. En la hipomanía no aparecen síntomas psicóticos, y aunque la mayor parte de lo experimentado en la manía es válido para la hipomanía, no represente una alteración evidente del comportamiento que pueda implicar, por ejemplo, la hospitalización. La frontera entre hipomanía y manía es, por lo tanto, un poco difusa. ¿Y la frontera entre hipomanía y alegría normal? En general, la alegría tiene una justificación muy clara y dura muy poco. La alegría es una emoción que puede darse en la hipomanía, pero ésta se acompaña de muchos otros síntomas: insomnio o disminución del sueño, discurso acelerado, irritabilidad, etc.

La hipomanía puede ser un estado extremadamente agradable. Si es moderada, puede hacer que el individuo aumente su actividad sin perder su sentido y puede implicar mayor creatividad y capacidad de liderazgo. El problema es que constituye un estado extremo inestable. Muchos pacientes querrían
estar permanentemente un poco hipomaníacos. Lamentablemente, la hipomanía tiende de manera acusada a empeorar y a convertirse en manía (en los bipolares de tipo I), o a transformarse de improviso en una fase depresiva (sobre todo en los bipolares de tipo II).

Depresión

La depresión consiste en la pérdida de interés por las actividades habituales, la falta de ilusiones y la gran dificultad para hacer cosas que, en otro momento, habrían sido fáciles o rutinarias. En la depresión bipolar hay una gran pérdida de fuerza de voluntad y una gran apatía. A menudo los pensamientos y los actos son más lentos. Es como la cara inversa de la manía: inactividad, tristeza, lentitud, ideas de minusvalía y un gran sufrimiento. El afectado se siente como si hubiera perdido toda su energía, como un motor sin gasolina. Para los que conviven con el paciente, la fase depresiva puede ser muy
frustrante, pero a menudo la prefieren a la fase maníaca, en que las alteraciones del comportamiento son más aparatosas.

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En la fase depresiva el paciente acostumbra a recluirse en la cama o en su habitación, duerme mucho y se abandona físicamente, pero no es tan difícil de controlar como en la fase maníaca. El problema es que detrás de este comportamiento menos conflictivo hay un gran sufrimiento personal, difícil de
entender para quien no lo ha vivido directamente. El paciente se siente indolente, inútil, frustrado. Antes de empezar algo ya se le han ocurrido cien razones para no hacerlo. Las pequeñas obligaciones del día a día se convierten en un cúmulo de dificultades. Sólo se le ocurren ideas negativas en donde puede aparecer que la muerte es la única solución.

Trastorno bipolar tipo I

El rasgo esencial en el trastorno bipolar de tipo 1 es la presencia de un episodio maníaco, este es un período bien definido de estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, y un aumento anormal o persistente de la actividad o la energía que está presente la mayor parte del día, casi cada día, durante un período de al menos 1 semana (o de cualquier duración si se requiere hospitalización), acompañado de al menos tres síntomas adicionales como . Si el estado de ánimo es irritable más que elevado o expansivo, deben presentarse al menos cuatro síntomas del Criterio B (DSM-5) de la manía, estos incluyen aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza, disminución de la necesidad de dormir, más hablador de lo habitual o presión para mantener la conversación, fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad, etc.

También pueden observarse alucinaciones. Cuando la persona recupera la normalidad, le parece increíble haber llegado a pensar aquellas cosas. Suele iniciarse en la juventud, más a menudo en forma de episodio maníaco en los hombres y depresivo en las mujeres.

En muchos pacientes la enfermedad no se diagnostica a la primera y sólo al cabo de unos años, cuando recaen. En general, los pacientes del tipo I presentan cierta simetría entre las recaídas maníacas y las depresiones. A menudo, después de una fase maníaca (p. ej., como caso más habitual, tras abandonar el tratamiento en contra del criterio del médico), se pasa de inmediato a una fase depresiva de intensidad proporcional a la de la manía.

Trastorno bipolar tipo II

Se caracteriza por un curso clínico con episodios afectivos recurrentes consistentes en uno o más episodios de depresión mayor y, al menos, un episodio hipomaníaco. El episodio depresivo mayor debe durar al menos 2 semanas y el episodio hipomaníaco debe durar al menos 4 días para que se cumplan los criterios diagnósticos.

Los episodios depresivos en el trastorno bipolar II, pueden ser tan intensas o más que en el tipo I, y fases de euforia moderada (hipomanía), no requieren ingreso hospitalario. Así, el trastorno bipolar II sería, aparentemente, menos grave que el I, al menos en lo que respecta a la intensidad de los síntomas. Sin embargo, los estudios demuestran que los bipolares II tienden a presentar más recaídas que los bipolares I, y pasan más tiempo que éstos en fase depresiva. Aunque se trata de una forma socialmente menos invalidante y menos estigmatizada, implica más altibajos y más sufrimiento de tipo depresivo.

Ciclotimia

Consiste en la sucesión de hipomanías y fases depresivas leves o moderadas; es frecuente que quien la padece no haya pedido nunca atención psiquiátrica, en parte porque no es consciente del trastorno, y en parte porque ignora que, aunque leve, en realidad se trata de una enfermedad crónica que puede condicionar mucho las decisiones de su vida y puede mejorar con tratamiento. El ciclotímico suele ser visto por los demás como inestable, imprevisible o «lunático» (en referencia a las fases de la luna, que en el saber popular se relacionan con las oscilaciones anímicas).

Seguramente conoceréis algunas personas así. Su inestabilidad es tan habitual que acaba confundiéndose con su carácter (y quizá diremos que tienen un carácter difícil, o que nunca se sabe con qué pie se levantan de la cama). Muchos pacientes bipolares I y II son también ciclotímicos, es decir, aparte de los episodios «importantes» de la enfermedad, también presentan frecuentes oscilaciones leves. La ciclotimia, como todas las formas de trastorno bipolar, predispone a una vida turbulenta y a dificultades de interacción social. Algunos pacientes se refugian en las drogas (sobre todo el alcohol), el juego o el aislamiento social, a causa de sus dificultades para controlar las propias emociones.

Conclusión

El trastorno bipolar es una condición mental seria marcada por episodios extremos de manía y depresión. Su impacto en la vida cotidiana exige un enfoque integral de tratamiento, que incluye medicación, terapia y apoyo familiar. La comprensión precisa y el manejo adecuado son clave para permitir a quienes lo padecen llevar una vida equilibrada y funcional.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425596
  • Vieta, E., Colom, F., & Martínez-Arán, A. (2004). La enfermedad de las emociones: El trastorno bipolar. Ars Medica.